sábado, 18 de noviembre de 2017

LAS CALVAS

LAS CALVAS

¿EL POR QUÉ DE SU NOMBRE?


Grabados en piedra de Samanga, elaborados 
por los primeros habitantes de estas tierras.
Entre las comunidades campesinas de Huara, Gigante y Samanga; se encuentran distribuidas varias poblaciones que tienen en común la denominación “CALVAS”; cuatro lugares comparten este nombre y son acompañados por un segundo nombre lo cual las diferencia una de otra: Calvas de Flores, Calvas de Montenegro o Cachuto, Calvas de Rentería y Calvas de Samanga. Existen comentarios, más antiguos, que los lugares que hoy se conocen como Sauce, San José y Tucas, tenían también la denominación Calvas; sin embargo, sólo nos ocuparemos de aquellos que hasta la actualidad y de manera formal, llevan el primer nombre de “Calvas”.


Obedece el nombre de esto pueblos a dos acontecimientos históricos muy importantes. La denominación “Calvas”, y que es la común, nos remonta a los orígenes mismos de nuestra historia. A la época en que grupos de filiación jíbara poblaron este rico territorio. Así los cronistas, y de manera más puntual Garcilaso de la Vega, recogió el testimonio que estas tierras eran habitadas por tres etnias “llámase estas tres provincias, que eran los principales; cassa, Ayahuaca y Callua” las cuales después de duras luchas “pues más querían morir peleando que verse súbditos de otros”, fueron sometidos por el Inca Túpac Yupanqui (Garcilaso, s/f: 84). 

Anne Merie Hocquenghem, en su libro “los Guayacundos de Caxas y la Sierra Piurana” nos da una idea de los límites de las poblaciones guayacundo, entre ellas las Calvas. Dice: “en el distrito de Ayavaca, no solo hay un pueblo llamado Chocán, sino también una quebrada Chocán que baja al rio Calvas un poco más al sur del pueblo. Es mucho, mas creible, que el puente mencionado por don Diego de Figueroa y sus testigos sea sobre el rio Calvas, rio caudaloso en invierno, que separa los territorio de los Calvas y Ayavaca”. (Hocquenghem, 1993:46) Actualmente no solo existen estos pueblos que tienen el nombre de Calvas, sino también un cantón en el Ecuador (que vendría a ser el territorio de la provincia mencionada por Garcilaso)  y un apellido que es muy común en estos lugares. Pero ¿por qué la denominación para este lado, si el rio Calvas dividía para el lado, actualmente de Perú, a los Ayahuacas y para la otra margen a los Calvas? La respuesta la podríamos tener en un documento que el virrey Don Francisco de Toledo enviara al Rey de España en el año de 1573. Ahí dice: “el rio debajo de Alva  (calva), entre loxa y Piura ay cantidad de Yndios paltas y guayacndos huidos que gran ladronera y acogida para los yndios  que huyen del servicio de loxa y Piura” (Hocquenghem, 1993:47).

Sobre el nombre Calvas, sabemos que es un vocablo quechua “callua” que es una lanzadera de dos puntas que sirve para apretar la trama en el tejido a cungalpo que hasta nuestros días es usado en nuestras comunidades campesinas (Gonza, 2017: 58).

El segundo nombre de estos pueblos obedece a otro hecho histórico más reciente pero no por ello menos importante. Hace referencia a la presencia de la feudalidad en nuestra provincia. A la época en que “los patrones hacían y deshacían.” No nos referimos precisamente a la colonia, sino más bien a la república y tan cercana, que en la memoria de los más antiguos aún tienen registrados dichos acontecimientos. Esta etapa de nuestra historia solo fue disuelta en el año de 1973 en el proceso de reforma agraria, que empezara en el año de 1969 el gobierno de Juan Velasco Alvarado. Así tenemos que la agregación Montenegro, Flores o Rentería obedecen al apellido de los patrones de estas tierras. Así “Calvas de Flores” perteneció a la familia Flores, que eran propietarios además de Samanguilla, Chirinos y Lanchipampa. “Calvas de Montenegro” perteneció a la familia Montenegro, en este caso también se suele llamar al lugar “Calvas de Cachuto”, al parecer este es el último lugar que asimiló la denominación del apellido del hacendado. Y finalmente “Calvas de Rentería”, que perteneció a la familia Rentería. (En este y los demás casos “perteneció” en el sentido que estas tierras estuvieron a cargo de estas familias, no en el sentido legítimo, ya que el conflicto entre comunidades y haciendas ha sido una constante en toda  nuestra historia local). Actualmente estas familias viven en Ayavaca, Piura y Lima y algunos pocos en los lugares en cuestión. “Calvas de Samanga”, no tiene el apellido del hacendado, sino más bien de la hacienda a la que perteneció “Samanga” de la familia Torres.

Cepo: instrumento de castigo utilizado durante  la feudalidad
Solamente para dejar constancia de esta época, trascribimos el testimonio del señor Fernando Chininin Chinchay, quien fue colono en la hacienda de los Flores: “los patrones eran bravísimos, nos colgaban cuando no hacíamos los que querían”, dijo. Otros aseguran que en esa época las violaciones a menores por parte del patrón eran comunes y que nadie podía quejarse pues las autoridades estaban con el patrón “hasta para las elecciones ellos nos decían por quién votar”. Y refiriéndose a la economía de las haciendas comentaron que “Don Julio Montenegro tenía una tiendaza en su casa, ahí vendía kerosene, ropa y sal. Traían y llevaban al Ecuador. Don Flores vuelta vendían cañazo y dulce, esos eran sus negocios a mas que nosotros les pagábamos una semana al mes por el arriendo y de ahí ellos sacaban sus buenas cosechas”.

Estas son pues las razones por que estos caseríos tenían tales denominaciones. Las cuales expresan de manera nítida las relaciones históricas de nuestro pueblo: lo autóctono versus lo extranjero, las haciendas versus las comunidades, el pasado y el presente. En estas relaciones de lucha permanente se desenvuelve nuestra historia local.

Bibliografía
Garcilaso de la Vega, Inca; “los comentarios reales, tomo III; Editorial Universo S.A; Lima Perú; s/f.
Hocquenghem; Ane Merie: “Los Guayacundos de Caxas y la Sierra de Piura”; CIPCA; Piura - Perú; 1993.
Gonza Rivera; Héctor Manolo: “Apuntes sobre la historia y costumbres de Chocán”; 2017; Piura – Perú.



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