viernes, 1 de diciembre de 2017

TIEMPOS DE DOLOR Y SANGRE EN LAS ALTURAS DE AYAVACA


TIEMPOS DE DOLOR Y SANGRE EN LAS

 ALTURAS DE AYAVACA



Una fábula de un hecho más fabulosamente real

Portada del libro de cuentos "Tiempos de
dolor y sangre en las alturas de  Ayavaca"
El profesor Wilder Jaramillo Hualpa, amigo, soñador y escritor, me alcanzo hace  tiempo uno de sus libros “Tiempos de dolor y sangre en las Alturas de Ayavaca”. Me había comentado las ideas de sus textos y me pedía que diera mi opinión sobre lo escrito. Las razones, además de la amistad y el interés por tópicos culturales, era la posición respecto al tema minero que compartíamos y del cual desde diferentes ángulos y escenarios habíamos sido testigos. De muy buena manera asumí, también, la propuesta de acompañarlo en la presentación oficial de su libro en nuestra Ayavaca. De ahí que hoy tenga el pretexto para disertar algunas ideas.

En nuestra Ayavaca, el escribir y sobre todo el difundir literatura, es más que un privilegio, muchas de las veces parece una quimera, por ello es que cada vez que surge un texto hecho por ayavaquinos es causa de gozo y esperanzas. Saber que producir información y conocimiento por hombres y mujeres con los que nos encontramos por las calles, y que muchos son amigos nuestros, nos acerca más al placer de leer y aprender. Al margen  de la orientación ideológico política de cada autor, siempre es un gusto la publicación de algún libro: las investigaciones del profesor Ríos Castillo, la poesía de Joel, los artículos de Mario, las revistas Yantuma o Ayahuaca, y el poco difundido, pero interesantísimo, testimonio del paisano residente en Suecia Elio Portocarrero Ríos titulado: “La historia que nunca Contamos: La Experiencia Guerrillera del MIR”. Empero siempre es un gusto, una alegría y reconfortante, el saber que algo se ha publicado y que es hecho por paisanos nuestros y en muchos casos por maestros, colegas nuestros.

Para ir centrando la discusión en el libro Tiempos de dolor y sangre en las alturas de Ayavaca, sería bueno comentar ligeramente la trayectoria literaria del autor. Wilder es escritor, pero es sobre todo un creyente de la literatura. Empezó, como el mismo dice, en las aulas del San Pedro Chanel, casa de estudios de los Padres Maristas. Sus primeros escritos los desarrolló en sus revistas “Epoka Andina”, “Huamba y sus Lagunas Indómitas”, luego vinieron, entre otras, “Línea Verde”  y sus “Cuentos Prohibidos”. En dichos trabajos se expresa, ya desde sus inicios, una línea de su literatura que estará relacionada con el tema ambiental y campesino. En los cuentos Prohibidos, solo para ejemplificar esta idea, hay un cuento muy hermoso con el sugerente título de AZUL Y CELESTE, que es la historia de amor entre dos aves que ven interrumpido su idilio por la llegada de unos helicópteros de una empresa minera. Pero es, en este libro donde su identificación con el tema ambiental se convierte en sí mismo, la historia central de los cuentos y que formarían parte de una novela.
Vigotsky, sostiene que la creación es producto de la realidad, que la imaginación y la creación literaria es la combinación de elementos de nuestra realidad, los cuales sometidos a procesos psíquicos dan como resultado la creación de un producto: un cuento, una canción, un poema y en otros casos expresiones de tipo material (los inventos). Es así que no existiría literatura solamente con la existencia del autor, sino que hay una relación del escritor con su contexto. El texto que hoy se presenta es una evidencia de lo dicho.

Los cuentos que Wilder nos presenta son producto, sobre todo, de la realidad que nos ha tocado vivir ya casi durante diez años: el conflicto comunal – minero. El papel de Wilder ha sido fabular esa realidad. Construir historias a partir de hechos reales. El mérito es, precisamente, convertir un tema de noticia dura y fría en un texto agradable y comprometido como un cuento.

Wilder Jaramillo Hualpa, escritor ayavaquino      
Cinco son los cuentos presentados. En ellos discurren ideas, personajes, aspiraciones, contradicciones y sueños. Y es que la realidad tuvo como escenario de confrontación lo mismo: ideas, personajes, aspiraciones y contradicciones. Desde la idea que nos muestra al expresar en su primer cuento el sincretismo entre Dios, el Dios Judeo-cristiano con la adoración de los Apus y las fuerzas de la naturaleza, y cuyo resultado fue la síntesis del Señor Cautivo de Ayabaca, que contiene de ambos. Dios creo, dice, el Cautivo creo y la Tierra tiene vida; esa es una apuesta interesante de armonía mágica – religiosa, que espero se pueda desarrollar en otros textos.

Sus cuentos están, además, llenos de una ideología, no política. Wilder no es político. No propagandista. Wilder no es agitador, ni activista y en sus pocos intentos de serlo queda en el espacio no público. Es una ideología literaria, inclusive, cuestionablemente digo yo, fantástica. De ahí que se declare partidario del movimiento indígena, del Abya Yala y admirador de las expresiones revolucionarias ocurridas en nuestra tierra; todo en el mundo de la literatura. Es sobre todo, un escritor.

Demos una mirada a los personajes. Como toda fabula, los personajes son muchos seres reales y otros imaginarios: Leonel Santos el “vendepatria”, decía el autor, es la combinación de muchos personajes que tuvieron una posición a favor de la minería y que fueron unos activistas, otros protagonistas, otros funcionarios y otros simplemente partidarios. Lo antagónico está más disperso: las mujeres que son ultrajadas en un campamento minero, un dirigente barbudo, los mártires de la lucha y lo pintoresco de los políticos oportunistas detrás y delante del conflicto. Así, como las extravagancias expresadas en una regidora de “muchas limitaciones”. Quizás la limitación, literariamente hablando, sea haber concentrado todos los defectos en unos y las bondades en otros; lo cual vuelve a los personajes demasiado fáciles y previsibles.

Cuando lean los cuentos no se preocupen; si es que en muchas cosas no coincide con lo que realmente sucedió, porque son cuentos. Una fabulación de una realidad que se expresó de manera tan real que aquel que no conoció algunos detalles, puede pensar que fue una fantasía, los hechos están mezclados para dar origen a composiciones literarias. La muerte de dos compañeros, la captura y tortura de otros tantos y la heroicidad con que la mayoría de nuestro pueblo resistió y viene resistiendo a un poder transnacional, son reales; trastocados a propósito de la fábula.

Wilder no quiere contar la historia del conflicto, no podría hacerlo solo. Quiere desde su amor por la literatura contribuir a una imagen de dicho conflicto, a veces idealizado, asumiendo una postura y no ocultando su denuncia. Esa es la línea transversal de todos los cuentos. Hay más que decir, sobre el conflicto y hay más que decir sobre los cuentos y su autor, basten estas líneas para provocar a la lectura.

Líneas arriba expresaba que es un placer ver publicaciones de este tipo, pero también es una preocupación que sea tan esporádico y difícil que muchos tengan que guardar sus hojas y borradores de sus textos, porque no hay dinero que publicar, porque no hay quien se interese por promoverlos. Quizás cuando lean los textos de Wilder o de otro aventurado escritor, algunos digan “yo tengo” cuentos, poesías, investigaciones mejores. Seguramente deben tener razón, pero al no existir espacios de difusión y publicación nunca lo sabremos.
La lucha por la defensa del territorio comunal ha significado para nuestro pueblo, la esencia de nuestro tiempo, tiempo que es asumido de manera heroica por su gente. El papel del poeta, del escritor, del fabulador, del artista, es hacer del heroísmo del pueblo una alegoría para el futuro. Ayavaca es en esta obra, la alegoría de un pueblo que defiende sus tierras, que defiende sus paramos, que defiende sus futuro.

 

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